martes, 29 de julio de 2014

HISTORIA MÍNIMA DEL PAÍS VASCO



HISTORIA MÍNIMA DEL PAÍS VASCO
de Jon JUARISTI
Editorial TURNER, 2013
ISBN 9788415832140
344 páginas
 
Hace unos días he terminado de leer HISTORIA MÍNIMA DEL PAÍS VASCO, de Jon Juaristi, y me gustaría compartir aquí la experiencia.
 
Se trata de un libro no demasiado extenso, muy bien estructurado, escrito con una prosa ágil que te cautiva desde las primeras páginas, y en el que el autor repasa de forma muy amena la historia del País Vasco desde la Prehistoria hasta nuestros días.
 
Aun tratando el tema de manera necesariamente sucinta debido a su extensión (no llega a 400 páginas), la obra ayuda a entender globalmente la historia del territorio vasco y sus habitantes, a la vez que explica los aspectos críticos de la evolución y situación actual de las Vascongadas y Navarra.
 
Merece especialmente la pena destacar lo claramente que se analizan el medio físico (la distinción entre las tierras altas o saltus, y los valles  o ager; las interrelaciones entre las Provincias Vascongadas, Navarra y el País Vasco Francés, etc.) y su impacto en la evolución del País Vasco, y lo bien desarrollados que están los capítulos que hablan de la Historia Antigua (romanización, las invasiones bárbaras, etc.) y la Edad Media.
 
Por contra, y a modo de crítica constructiva, tan solo señalar que se agradecería un análisis algo más detallado de las Guerras Carlistas y la evolución del País Vasco en el siglo XIX, a fin de poder entender mejor la aparición del nacionalismo vasco contemporáneo.
 
En definitiva, el libro HISTORIA MÍNIMA DEL PAÍS VASCO, de Jon Juaristi resulta interesante, didáctico, entretenido y fácil de leer, por lo que aconsejo su lectura a todos aquellos interesados en comprender mejor el pasado y el presente de esa parte de España.
 

viernes, 18 de julio de 2014

Cataluña, choque de esquizofrenias políticas





Conforme se va acercando al 9 de noviembre de 2014, fecha en la que el Presidente de la Generalidad Artur Más pretende llevar a cabo un referéndum de autodeterminación de Cataluña, los ciudadanos asistimos atónitos al choque de dos visiones políticas contrapuestos que, sin embargo, y aunque pueda resultar en un primer momento sorprendente, podrán compartir sin problemas la consideración de esquizofrenia política.

La esquizofrenia es un trastorno psiquiátrico de tipo crónico y grave, que se caracteriza por llevar aparejado alteraciones en la percepción o expresión de la realidad en quienes la padecen, que terminan abocando al sujeto a una mutación sostenida de determinados procesos psíquicos, sobre todo de los vinculados a la conciencia de lo que ocurre a su alrededor. Así, según avanza su enfermedad, al sujeto esquizofrénico le resulta cada vez más difícil formarse una idea real de lo que ocurre a su alrededor y, por tanto, su capacidad para mantener conductas motivadas y dirigidas al logro de metas se resiente, con el resultado de una creciente disfunción social del individuo.

Y efectivamente en todo este embrollo en que se ha convertido la cuestión catalana en los últimos tiempos se fácil identificar dos ejemplos de esquizofrenia política totalmente contrapuestos pero, a la vez, complementarios, que se alimentan mutuamente.

martes, 1 de julio de 2014

El peligro de lo políticamente correcto

 
En este siglo XXI, el Mundo Occidental, que en los últimos cincuenta años se había convertido en el paradigma de sociedad avanzada, tolerante y democrática, está viendo cómo crece en su seno de forma paulatina y callada, pero a la vez inexorable, un fenómeno que puede dar al traste con nuestras conquistas en materia de libertad de pensamiento y de expresión: la imposición de lo políticamente correcto como un valor absoluto e indiscutible.
 
Así, nos encontramos hoy en día con que en nuestra sociedad triunfan un variopinto abanico de ideas, conceptos y puntos de vista, las más de las veces encomiables, que originalmente surgieron como banderas alzadas por colectivos de todo tipo en defensa de sus creencias o sus intereses, pero que con el paso del tiempo se han transformado en verdaderos mantras impuestos coercitivamente de manera plana y sin matices a la sociedad en su conjunto, que deben ser asumidos de forma íntegra, completa, sin fisuras ni vacilación alguna por todos y cada uno de los ciudadanos, aun en su versión maximalista, so pena de verse señalados con el dedo, criticados, e incluso estigmatizados por la sociedad, cuando no perseguidos jurídicamente.
 
Quizá esta preocupación pueda parecer a priori excesiva y carente de fundamento, pero cuando uno se para a pensar en casos prácticos es posible que las cosas se vean de otra manera.