lunes, 19 de junio de 2017

El coste del rescate bancario en España



   Recientemente se ha hecho público un informe interno del Banco de España que analiza la gestión de la crisis financiera ocurrida en nuestro país (⇒Enter) en el periodo comprendido entre 2008 y 2014, y su papel como supervisor en el rescate bancario que el Estado llevó a cabo, rescate que se inicia con la gestión del colapso de Caja Castilla-La Mancha y que culmina con el desguace y venta a precio de saldo de NovaCaixaGalicia, pasando por la liquidación de entidades tan importantes para la historia económica de los últimos cincuenta años como Caja Madrid, Bancaja, Caixa Catalunya, la Caja de Ahorros del Mediterráneo o CajaSur.

El documento en cuestión, más allá de su indudable interés desde un punto de vista técnico, ha tenido una especial repercusión en los medios de comunicación debido a que ha sido el vehículo elegido por la autoridad bancaria para transmitir a la opinión pública dos ideas fundamentales, a saber: que el coste neto del rescate podría finalmente rondar los 60.000 millones de euros, y que el Banco de España como institución no tuvo nada que reprocharse en su papel como entidad de supervisión en aquellos años convulsos.

En lo que se refiere a la optimista valoración que el Banco de España realiza de sí mismo en la gestión de la crisis financiera española, la impresión que uno tiene es que resulta bastante descorazonador, bastante frustrante, que la autoridad bancaria del único país del grupo de los cuatro grandes de la Eurozona (integrado, junto con España, por Alemania, Francia e Italia) que asistió impertérrita a cómo la mitad de su sistema financiero (pues ese era el peso de las cajas de ahorro en el nuestro, el 50%...) colapsaba tras décadas de una nefasta gestión empresarial a manos de direcciones elegidas a dedo por la clase política (cuando no directamente copadas por esta...), y tras todo un rosario de escándalos de financiación ilegal de partidos políticos, corrupción, y apropiación indebida de dinero público para fines inconfesables, vaya ahora y tenga el cuajo de decirnos que no tuvo nada que ver con todo aquello, que no fue su responsabilidad, que lo hizo todo bien, que supervisó al sistema bancario de manera correcta, que inspeccionó eficazmente a las entidades, y que si todo aquello ocurrió fue por culpa del Destino, de los Hados o del Karma. Porque o bien los señores del Banco de España tienen un problema de percepción de la realidad, o pura y simplemente nos están tomando el pelo. Y menos mal que, según el consenso de los expertos, estamos hablando de uno de los supervisores bancarios más respetados de Europa, cuyos funcionarios están considerados de los más profesionales y mejor formados de la UE. Menos mal...

En cuanto al coste del rescate bancario, que en su momento los gobiernos de turno (primero el de Rodríguez Zapatero y después el de Rajoy) juraron y perjuraron que no les supondría un euro a los ciudadanos, ahora resulta que hasta el momento nos ha salido a todos por unos 75.000 millones de euros, de los cuales solo se han podido recuperar 15.000 millones. En consecuencia, hasta hoy el coste neto del rescate supera los 60.000 millones de euros, un 5,6% del PIB, la riqueza nacional producida en todo un año, repartido de la siguiente manera: 21.000 millones pagados por el Fondo de Garantía de Depósitos (dinero que en última instancia los bancos comerciales acabarán repercutiendo a sus clientes), más otros 39.000 millones desembolsados con cargo a los Presupuestos Generales del Estado, lo que significa que nos han costado a todos y cada uno de los 47 millones de habitantes de España unos 840 euros de media.

Llegados a este punto cabe preguntarse si al final mereció la pena meterse en el berenjenal del rescate bancario, y ello a costa de endeudar al país y generar un déficit que tendrán que pagar nuestros hijos y nuestros nietos, o si, por el contrario, habría tenido más sentido que actuara el Mercado y que se hubiera dejado quebrar a esas entidades fallidas.

La respuesta a esta pregunta no es fácil, y probablemente esperar que cualquier gobierno hubiera tomado decisiones traumáticas en aras de la ortodoxia macroeconómica habría sido pedir demasiado a los políticos, que siempre andan más preocupados por las encuestas, por la valoración de la opinión pública, y por cómo ganar las próximas elecciones que por hacer lo que se debe hacer cuando se presentan situaciones difíciles, por doloroso que esto sea.

Sin embargo lo que tampoco es de recibo es tener que ver ahora cómo mucha gente se escandaliza por los 60.000 millones de euros que nos ha costado el rescate bancario (no lo olvidemos, rescate de banca pública...) cuando la mayoría de esos que se escandalizan son los mismos que en su momento clamaban por salvar con dinero público los empleos de los trabajadores de las entidades quebradas, y que exigían salvar también con ese mismo dinero público las inversiones de los accionistas minoritarios, los bonistas y los preferentistas que pusieron sus ahorros en las extintas Cajas de Ahorros, eso sí después de acusar sin fundamento alguno por todo aquel desastre a la banca privada, que en realidad no pidió ni un euro de dinero público para arreglar sus propios problemas.

Quizá por eso resulta tan divertido como chocante oír a esa misma gente protestar también ahora por el hecho de que la reciente crisis del Banco Popular (el primer banco privado de entidad al que la crisis de ha llevado por delante...) la vayan a pagar sus accionistas, que son sus propietarios, en vez de papá Estado...

Y es que algunos son como el perro del hortelano, que ni come ni comer deja...



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