sábado, 20 de enero de 2018

Versos de amor de Cardenio por Luscinda

"Retrato de la reina Mariana de Austria" - Diego Velazquez 


¿Quién menoscaba mis bienes?
Desdenes.

¿Y quién aumenta mis duelos?
Los zelos.

¿Y quién prueba mi paciencia?
     Ausencia.

De ese modo en mi dolencia
ningún remedio se alcanza,
pues me matan la esperanza
desdenes, zelos y ausencia.

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¿Quién me causa este dolor?
     Amor.

¿Y quién mi gloria repugna?
     Fortuna.

¿Y quién consiente mi duelo?
     El cielo.

De ese modo yo rezelo
morir deste mal estraño,
pues se aúnan en mi daño
amor, fortuna y el cielo.

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¿Quién mejorará mi suerte?
     La muerte.

Y el bien de amor ¿quién le alcanza?
     Mudanza.

Y sus males ¿quién los cura?
     Locura.

De ese modo no es cordura
querer curar la pasión,
cuando los remedios son
muerte, mudanza y locura.

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Versos de amor de Cardenio por Luscinda, del Capítulo XXVII (primera parte) de "Don Quijote de la Mancha", de Miguel de Cervantes Saavedra.





sábado, 23 de diciembre de 2017

Feliz Navidad




"Adoración de los Reyes Magos" tabla central del Tríptico del altar de Santa Columba de Colonia, pintada por Rogier van der Weyden hacia 1455, que hoy se exhibe en la Alte Pinakothek de Munich (Alemania).



martes, 19 de diciembre de 2017

Quién soy yo en realidad...


(Yo con cinco años, allá por 1970.)

   Se nos acaba el año, y a algunos eso nos despierta la melancolía y nos hace plantearnos cómo ha sido la cosa hasta ahora.

Y si alguien me pidiera contarle quién soy y cómo he llegado hasta aquí, supongo que debería empezar por escribir algo así como lo que sigue…


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Tengo algo más de cincuenta años, ando ya escaso de pelo, y desde que puedo recordar dependo de un par de gafas.

Nací en una España en la que al Jefe del Estado le llamaban " El Caudillo", y, aunque a algunos hoy en día eso les pueda resultar chocante, o incluso escandaloso, no crecí traumatizado, sino que, por el contrario, tuve una infancia normal, cálida y entrañable, que transcurrió en un país que no era ni una cárcel ni un infierno.

Mis recuerdos de niño saben a ganchitos de queso y a torrijas, huelen a sábanas perfumadas con colonia, y son del color de las luces de un árbol de navidad y de las tardes de verano paseando por un descampado de extrarradio lleno de espigas y hormigueros.

Crecí en una ciudad en la que a los niños de 10 o 12 años se les podía dejar viajar solos sin peligro en transporte público, en la que se nos encargaban recados, bajábamos a la compra y cuidábamos de nuestros hermanos pequeños, y no por eso a nadie se le pasaba por la cabeza suponer que no nos cuidaban bien o que nos explotaban.

Fui a un colegio de curas en el que había autoridad y disciplina, y si en algún momento se me ocurría decir en casa que los profesores me tenían manía lo único que conseguía es que mis padres me regañaran y avalaran punto por punto lo que los profesores hubieran dicho, fuese lo que fuese.

Mi mitología particular está construida a base de westerns vistos una y otra vez, y por ello todavía creo que el bueno termina ganando al malo y se casa con la chica, que es de canallas ser débil con los fuertes y fuerte con los débiles, que la palabra y los principios son para mantenerse, y que los fracasados casi siempre tienen una dignidad y una nobleza de la que los triunfadores las más de las veces carecen.

Es difícil hacer la lista de mis películas favoritas, pero si tuviera que nombrar las diez que más me marcaron el resultado sería este:











Escuchar música es de las cosas que me hacen más feliz, y mi vida habría sido bastante peor sin Beethoven, Orff, Gerswin, Telemann, Joaquín Rodrigo, Gaspar Sanz, Vidaldi, Piazzola, Puccini, Dire Straits, Supertramp, Kroke, Madredeus, Dulce Pontes, Carlos Núñez o Milladoiro.

Mis paraísos particulares están en el Caribe, en el sur de África, en Chile y en Galicia, y me gustaría poder vivir una temporada en Nueva York, en Cartagena de Indias, en Lisboa y en Tifariti.

Me encantan la pasta con salsa cuatro quesos, las zamburiñas, la empanada de bacalao con pasas, el pulpo, la morcilla, el turrón de Jijona, el chocolate blanco, el dulce de leche, los postres de yema tostada, la sidra, el vino de Oporto y el café con leche.

Me suelen caer simpáticos los perdedores, y por eso de pequeño prefería ir con los confederados y con los comanches, pero también con los alemanes, los japoneses, los afrikáners, los serbios, los judíos y los argentinos.

De joven soñé con ir a la Nicaragua sandinista, pero según me fui haciendo mayor me horroricé con las consecuencias de miseria de espíritu y dolor que las revoluciones provocan en los pueblos que las hacen.

Amo a mi país porque es el que me ha tocado en suerte, pero a estas alturas de la película no creo que pudiera ser otra cosa que español, aunque una parte de mí siempre se sentirá también un poco portugués, un poco colombiano y un poco saharaui.

Pienso que en última instancia una patria no es tanto un territorio físico como una forma de entender la vida; y por eso la mía es la España de Antonio Machado, de Sorolla, de Jardiel Poncela, de Zuloaga, de Buero Vallejo, de Velázquez, de Albéniz, de Manuel de Falla, de Unamuno, de Maeztu, de Delibes, de Julio Camba, de Juan José Padilla…

Cuando ya he llegado a lo que probablemente sea la segunda mitad de mi vida tengo la convicción de que los dos mayores errores que se pueden cometer en esta vida son vivir con miedo y no ser capaces de demostrarle a los nuestros lo mucho que nos importan.

Cada día pago mis facturas, tanto las que se saldan como dinero como las otras, intento no tener cuentas pendientes, y hago lo posible para no avergonzarme demasiado de mí mismo cuando me miro al espejo.

¿Qué le voy a hacer? Soy cabezota, orgulloso, disciplinado, constante, vanidoso, coqueto, tímido, y ordenado, y me temo que ya es un poco tarde para cambiar.

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Feliz Navidad para todas las personas de buena voluntad que lean estas líneas, cualesquiera que sean su Dios, si es que lo tienen, y sus creencias.

Ojalá el nuevo año nos enseñe a ser indulgentes los unos con los otros.





miércoles, 29 de noviembre de 2017

La irresponsabilidad como coartada


Diego Rivera, "“La colonización o llegada de Hernán Cortés a Veracruz”" (1951). 
"El antiamericanismo triunfa porque es una coartada perfecta para eludir la responsabilidad.
Justifica el fracaso de muchas sociedades y evita asumir responsabilidades personales y colectivas en ese fracaso.
El negocio de la irresponsabilidad es fundamental para entender el éxito siempre arrollador de las propagandas antiimperialistas.
Vender irresponsabilidad ha sido siempre muy lucrativo.
Que la culpa sea de otro es descansado. Alivia el alma y nos evita muchos quebraderos de cabeza y mucho esfuerzo..."



Extraído de la PARTE I, Capítulo 4 del libro "IMPERIOFOBIA Y LEYENDA NEGRA", de María Elvira Roca Barea.



Antiamericanismo
Antiimperialismo...
Anticapitalismo...
Antiliberalismo...
Antifascismo...
Antimachismo...

Nada resulta tan tranquilizador y tan reconfortante para el alma humana como cargarse de razones morales, cuanto más intransigentes y grandilocuentes mejor, para a continuación atribuirse el derecho a ser completamente irresponsable de los actos propios al tiempo que se espera de los demás que nos resuelvan la vida.


martes, 14 de noviembre de 2017

El valor de hacer las cosas


 El esforzado oficio del que ejecuta lo que le piden, el valor de hacer las cosas...



" (...) Porque si va á decir verdad no hace menos el soldado que pone en ejecucion lo que su capitan le manda, que el mismo capitan que se lo ordena. Quiero decir que los religiosos con toda paz y sosiego piden al cielo el bien de la tierra; pero los soldados y caballeros ponemos en ejecucion lo que el los piden, defendiéndola con el valor de nuestros brazos y filo de nuestras espadas; no debajo de cubierta, sino al ciclo abierto, puestos por blanco de los insufribles rayos del sol en el verano, y de los erizados hielos del invierno. Asi que somos ministros de Dios en la tierra, y brazos por quien se ejecuta en ella su justicia. Y como las cosas de la guerra y las á ellas tocantes y concernientes no se pueden poner en ejecucion sino sudando, afanando y trabajando excesivamente, síguese que aquellos que la profesan tienen sin duda mayor trabajo que aquellos que en sosegada paz y reposo están rogando á Dios favorezca á los que poco pueden. No quiero yo decir ni me pasa por pensamiento que es tan buen estado el de caballero andante como el del encerrado religioso; solo quiero inferir por lo que yo padezco, que sin duda es mas trabajoso y mas aporreado y mas hambriento y sediento, miserable, roto y piojoso, porque no hay duda sino que los caballeros andantes pasados pasaron mucha mala ventura en el discurso de su vida. Y si algunos subieron á ser emperadores por el valor de su brazo, á fe que les costó buen porqué de su sangre y de su sudor: y que si á los que á tal grado subieron les faltaran encantadores y sabios que los ayudaran, que ellos quedaran bien defraudados de sus deseos y bien engañados de sus esperanzas. (...)"

Extraído del CAPÍTULO XIII de la PRIMERA PARTE de "DON QUIJOTE DE LA MANCHA", de MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA


domingo, 12 de noviembre de 2017

Señales de tráfico árabes


Los países a veces se diferencian por las señales de tráfico que se usan en ellos.

Aquí tenemos algunos ejemplos de señales árabes, concretamente de Emiratos Árabes Unidos:























(Fotografías tomadas en noviembre de 2017).

viernes, 3 de noviembre de 2017

España, Cataluña y la Leyenda Negra.




A lo largo de la historia siempre ha habido en el mundo naciones que han resultado naturalmente simpáticas, mientras que otras han cargado con el sambenito de caer mal.

No es fácil explicar por qué ocurre esto, y todavía lo es menos determinar cómo solucionarlo, pero el país que tiene la desgracia de ser impopular tendrá que aprender a vivir con la desventaja de quedar expuesto a la incomprensión y la crítica, y, lo que es peor, cualquiera que sea la estrategia que adopte para remediarlo, las más de las veces sus acciones probablemente sólo cosecharán más incomprensión y más crítica.

Sin embargo, y aunque no siempre esté claro qué hace que unos países caigan simpáticos y otros no, hay algunos rasgos recurrentes a la hora de resultar antipático en el ámbito internacional.

Así, por un lado está el hecho de ser percibido como un ente fuerte y poderoso que se enfrenta a otros más débiles mediante el uso de la fuerza. Los países poderosos caen mal por el mero hecho de serlo, mientras que los débiles resultan siempre más simpáticos. Es, a fin de cuentas, el resultado conjunto de la envidia y de la aplicación a las relaciones internacionales del mito de David contra Goliat.

Otra cuestión que influye a la hora de atribuirle a un país la condición de bueno o de malo es el cómo se relaciona con los movimientos centrífugos que surgen en su seno, tales como regionalismos, nacionalismos sin estado propio, grupos insurgentes, movimientos de liberación, guerrillas y similares. Porque en la sociedad actual, embebida del concepto de Estado-Nación del Romanticismo político del siglo XIX y de un buenismo casi naif y simplista, los regionalismos, los nacionalismos sin estado propio, los grupos insurgentes, los movimientos de liberación y las guerrillas tienden por defecto a caer bien, porque se les identifica con el heroísmo y el ansia de libertad, mientras que quienes se les oponen y defienden el orden jurídico establecido suelen ser considerados reaccionarios y opresores. Y esto se acentúa cuando los movimientos centrífugos aparecen en el país de al lado y no en el propio, porque entonces verles con simpatía sale esencialmente gratis. Por el contrario, cuando los movimientos centrífugos son un problema doméstico y nos impactan en primera persona, entonces la cosa empieza a cambiar y ya no resultan tan simpáticos…

Y en tercer lugar entra en juego la cuestión de la continuidad temporal, porque si la evaluación de un país es negativa, además es consistente a lo largo del tiempo, y encima está instrumentalizada por alguien en beneficio propio, lo que empieza siendo mera impopularidad puede llegar a convertirse en "Leyenda Negra", y entonces casi cualquier acusación que se formule contra un país parecerá verosímil, y cualquier barbaridad que se le atribuya resultará creíble.

En España sabemos bastante de Leyendas Negras, y a lo largo de nuestra historia hemos sufrido sus efectos. Baste recordar algunos ejemplos:

- La mentira pergeñada por los protestantes holandeses a finales del siglo XVI según la cual la muerte del primogénito de Felipe II, el príncipe Carlos, habría sido el resultado de una orden de su sádico progenitor, cuando en realidad el joven era un pobre desequilibrado que amargó la vida al rey, y que llegó incluso a conspirar contra su propio padre para usurparle la corona.
- La falacia según la cual el descubrimiento y conquista de América por parte de España fue un cruel genocidio que exterminó a los pueblos precolombinos, cuando en realidad la labor colonizadora desarrollada durante más de trescientos años se caracterizó por unas altas cotas de respeto y protección de los indígenas, sobre todo para los estándares de la época. Pruebas de ello son, de una parte, la pervivencia hoy en día de amplias comunidades indias en aquellos países que un día colonizaron los españoles, como por ejemplo en México, Perú o Bolivia (mientras que en naciones que fueron colonias inglesas o francesas, como los Estados Unidos, Canadá o Australia, los aborígenes fueron diezmados, cuando no simplemente exterminados), y de otra el evidente mestizaje que se observa en esos países, que contrasta con la segregación y discriminación raciales endémicas en las antiguas colonias inglesas o francesas.

Por todo ello resulta descorazonador y frustrante observar cómo en los últimos tiempos nuestro país, a cuenta de la crisis política en la que estamos inmersos como consecuencia del embate secesionista en Cataluña, esté siendo de nuevo víctima de valoraciones superficiales, sesgadas, simplistas e injustas en el ámbito internacional. Ejemplos:

- la lucha de los secesionistas catalanes se presenta como noble y altruista cuando en realidad es un puro golpe de estado contra el orden constitucional.
- el uso por parte del gobierno de la nación de los instrumentos del Estado de derecho se intenta mostrar como actos de represión contra el pueblo catalán oprimido.
- Lo que en realidad es un deseo egoísta de una parte de la gente que vive en Cataluña de separarse del resto de España mediante la fractura de la soberanía nacional del conjunto del pueblo español se maquilla como la expresión de la voluntad democrática de una nación finisecular como lo sería la catalana.

¿Pero es que acaso, por ejemplo, la opinión pública francesa vería un proceso secesionista en Córcega o en Bretaña con la misma simpatía que ha demostrado por el desarrollado en Cataluña?

¿Y por qué Bélgica no fue tan comprensiva con el hecho de que tras la II Guerra Mundial el gobierno español diera cobijo a los líderes rexistas valones como lo es ahora con que Carles Puigdemont juegue a ser presidente de la Generalidad en el exilio desde Bruselas mientras da ruedas de prensa en las que difama y denigra a España?

¿O es que la administración norteamericana practicaría la contención en el uso de la fuerza que pidió a España tras el referéndum trampa del 1 de octubre en Cataluña si, por ejemplo, los hispanos de Florida, Nuevo México o California intentaran imponer un referéndum de autodeterminación en  alguno de esos estados con el propósito de que se convertirán en repúblicas independientes?

Sin embargo no podemos quedarnos solo en el lamento pasivo y fatalista ante esta nueva edición de la "Leyenda Negra". Nuestro deber, colectivamente en tanto sociedad, pero sobre todo individualmente en nuestra condición de ciudadanos, es explicarle al mundo en qué consiste verdaderamente el secesionismo golpista que sufrimos en Cataluña, y difundir hasta qué punto su proyecto politico aspira en realidad a implantar un verdadero apartheid lingüístico  y cultural que convertiría a los catalanes que tienen al castellano como primera lengua y que se sienten españoles en ciudadanos de segunda en su propia tierra, en los parias de una hipotética república catalana independiente que, si alguna vez triunfara, a buen seguro los condenaría a la asimilación o el exilio.