La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, denominada Guerra del Ramadán por los iraníes, se inicia el 28 de febrero de 2026 cuando estadounidenses e israelíes atacan Irán con la intención declarada de acabar con su capacidad armamentística en materia nuclear y de misiles y propiciar la caída del régimen de los Ayatolás que gobierna el país desde 1979.
La agresión contra Irán constituye una flagrante violación del Derecho Internacional y de la Carta de Naciones Unidas, y comenzó sin que mediara una Declaración de Guerra formal entre Washington, Jerusalén y Teherán.
Muchos en Occidente pensaron que la Guerra de Irán sería un paseo militar para los norteamericanos e israelíes tras el precedente del Ataque de Estados Unidos a Venezuela del 3 de enero de 2026, que concluyó en apenas 24 horas con la rendición de facto del régimen chavista y el secuestro, y posterior encarcelamiento en los Estados Unidos, acusado de tráfico de drogas, del presidente venezolano Nicolás Maduro. Sin embargo, el régimen iraní está demostrando ser más consistente que el bolivariano y está plantando cara a la agresión desplegando unas capacidades militares que le están permitiendo, entre otras cosas, atacar con drones y misiles a Israel y a las bases norteamericanas en el Golfo Pérsico y bloquear el Estrecho de Ormuz al tráfico marítimo, lo que puede llevar al colapso el mercado petrolero mundial.
En este contexto, en España Pedro Sánchez, cada vez más acosado políticamente por los escándalos de corrupción en su entorno más próximo y por los fracasos de su gobierno en materia económica y de política autonómica, ha visto en la agresión contra Irán la oportunidad de reivindicarse como líder progresista a nivel internacional, y para ello ha adoptado el papel de contrincante universal de Donald Trump y ha sacado del armario el "No a la Guerra" que hace más de dos décadas protagonizó el PSOE en contra de José María Aznar, lo cual ha generado un choque público entre Sánchez y Trump, y ello al precio de exponer a España a represalias políticas y económicas de los Estados Unidos, una de las cuales podría afectar al suministro de gas natural norteamericano a España.
Para entender el impacto que unas hipotéticas represalias de Washington contra España en materia de suministro de gas podrían tener conviene dar un repaso a la evolución y los cambios que han afectado a nuestro aprovisionamiento de gas natural en el exterior en los últimos años.
Hasta 2022 España tenía una relación preferente con Argelia, que nos vendía la mayoría del gas que consumimos a precios competitivos.
Entonces Pedro Sánchez tomó unilateralmente y de la noche a la mañana la decisión de cambiar la tradicional postura española de apoyo a la libre autodeterminación del Sáhara Occidental y en su lugar pasó a alinearse con los Estados Unidos en su apoyo a las tesis anexionistas de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, y de esta manera traicionó al pueblo saharaui y a la vez se enemistó con Argelia, su principal valedor internacional.
Argelia respondió reduciendo drásticamente sus ventas de gas natural a España, y para reemplazar el suministro argelino España pasó a comprarle gas natural a Estados Unidos, aunque su gas es más caro que el argelino porque necesariamente se tiene que transportar por barco.
Hoy España es dependiente energéticamente de Estados Unidos, que ahora nos presiona amenazándonos con reducir el suministro de gas por el "No a la Guerra" de Pedro Sánchez en Irán, pero para contrarrestar este riesgo ya no podemos recurrir a Argelia, pues hace tiempo que otros países, y especialmente Italia, nos han sustituido como clientes preferentes en la compra del gas natural argelino.
Y cuando pagamos las consecuencias de haber tirado por la borda nuestra autonomía estratégica en materia gasista ¿Ahora qué hacemos, señor Sánchez?


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