La televisión y la radio, da igual qué canal o qué emisora se elija, vomita ininterrumpidamente malas noticias narradas de manera dramática, teatral, excesiva, por parte locutores que adoptan tonos y ritmos de voz perfectamente intercambiables, todos ellos igual de afectados e impersonales. Y esas noticias seguidamente serán comentadas, desmenuzadas y retorcidas una y otra vez por un batallón de opinadores, tertulianos y pretendidos expertos de todo pelaje y condición repitiendo supuestos sesudos análisis que, en realidad, generalmente no serán otra cosa que consensos políticamente correctos de usar y tirar, una retahíla de tópicos superficiales y meros comentarios de barra de bar, un cacareo de palabras vacías, cuando no argumentarios pura y simplemente cocinados por el gobierno, el partido o el grupo de presión de turno a cuyo servicio trabaje el medio de comunicación correspondiente, todo ello con el exclusivo objetivo de construir el relato que interese en cada momento, perfectamente procesado para estabular al gran público.
Y sonarán una y otra vez términos como “consenso”, “interés público” “resiliencia”, “empatía” “mayoría social”, “democrático”, “justicia” o “igualitario”, aunque unas veces se hablará del último desastre natural ocurrido, otras del mal dato económico que acabe de publicarse, del nuevo escándalo de corrupción de los contrincantes políticos, o de la última salvajada perpetrada por un Dictador contra su pueblo o por el ejército de una Potencia extranjera contra sus enemigos. Pero en el fondo dará igual: los mensajes, los eslóganes, los tópicos, serán siempre los mismos, prácticamente intercambiables, destinados a moldear el estado de opinión de la gente, a manipular los sentimientos, y a anestesiar todo sentido crítico que pudiera brotar en el ánimo del personal.
El objetivo es claro: inocular en los ciudadanos un discurso según el cual todo lo malo que ocurre es sin excepción culpa de “los otros” (Los contrincantes políticos, los disidentes, la expareja, el cambio climático, los extranjeros, la naturaleza, o la mala leche, vaya usted a saber...), mientras que todo lo bueno que nos pasa es sin excepción mérito de “nosotros” (Nuestro Líder, nuestro partido, nuestros valores, nuestro gobierno, nuestros votantes...).
Y si alguien tuviera la osadía de desarrollar sentido crítico, si alguien pretendiera liberarse de la maraña de tópicos, simplificaciones, lugares comunes, mitos y dogmas del pensamiento único que nos quieren hacer tragar y cometiera la osadía de querer formarse su propia opinión, que sepa que semejante osadía le acarreará ser considerado un antisocial, un elemento peligroso al que aislar y segregar, cuando no un elemento peligroso y dañino para los que le rodean y al que hay que reeducar o, si no se deja curar y no vuelve al redil colectivo, al que habrá que extirpar sin contemplaciones del cuerpo social.
Malos tiempos para la individualidad, para el respeto, para la tolerancia y para la independencia. Malos tiempos, en definitiva, para el hombre libre...
Detalles técnicos de la fotografía: cámara SONY DSC-RX100M2, 37,1 mm, f/11, 1/250 s, ISO100.
Imagen tomada el 16/septiembre/2025 en Cabo Silleiro (Pontevedra).


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentarios: