jueves, 31 de diciembre de 2015

Un país perdido en el laberinto


Soy ciudadano de un país del primer mundo, europeo, desarrollado, que pertenece al selecto club de las diez naciones más ricas de la tierra.

Mi país es una democracia avanzada, miembro de la ONU, de la OTAN y de la Unión Europea.

Mi país ha sido capaz de alcanzar un nivel de desarrollo económico que le permite garantizar sanidad universal para todos sus ciudadanos; ha construido un sistema público de pensiones que asegura un mínimo de ingresos a todo aquel que alcance la edad de jubilación; y cuenta con un sistema educativo que ha permitido a más del 40% de su población llegar a tener estudios universitarios.

Mi país cuenta, en proporción a su superficie, con la mayor red de ferrocarril de alta velocidad del mundo; su sistema de donación de órganos y trasplantes es el referente absoluto a nivel internacional; la longevidad media de su población es de las más altas del planeta; y es reconocido mundialmente por la benignidad de su clima, su calidad de vida, y su patrimonio cultural e histórico.

Mi país es una de las naciones más viejas de Europa; ha dado al mundo genios de la literatura, la pintura, y la música; es reconocido por su gastronomía y sus paisajes; y ha regalado su lengua, su cultura y su visión del mundo y de la vida a 500 millones de personas de los cinco continentes que hoy en día sienten, piensan, sueñan y rezan en lengua española.

Pero a pesar de todo esto, mi país está enfermo.

Mi país es es un enfermo crónico de inseguridad, de soberbia y de envidia autodestructiva y cainita; en su historia las guerras civiles acumuladas son bastantes más que los muchos conflictos exteriores en los que también ha participado; trata a sus hijos como una madrastra ingrata que minusvalora sus logros pero magnifica sus defectos; y a lo largo del tiempo ha padecido una y otra vez la locura destructiva del fanatismo y la intolerancia contra todo aquel cuya raza, religión o ideario fuera distinto del mayoritario.

Por eso resulta más doloroso que sorprendente que hoy en día mi país, como ya ha ocurrido varias veces en el pasado, esté otra vez inmerso en una crisis de identidad que le paraliza y le desgarra, y que aquellos que deberían liderarlo estén más preocupados por sus egoísmos particulares que por asegurar el bien común.

Como en otras ocasiones a lo largo de su historia, como en 1640, en 1898, o en 1936, mi país parece estar al borde del precipicio, expuesto a los que quieren destruirlo.

Y, sin embargo, cuando se han dado situaciones como estas a lo largo de su historia, mi país siempre ha sido capaz de encontrar al final un camino para seguir adelante.

¿Ocurrirá lo mismo esta vez?

Veremos qué nos trae el futuro, y si otra vez, una más, se repite el milagro y conseguimos salir del laberinto en el que nos hemos perdido...

Por cierto, para los que todavía no lo han descubierto, mi país, este país genial y caótico, atractivo y desquiciante, soberbio y loco, se llama España, y a mí personalmente me parece maravilloso...

sábado, 26 de diciembre de 2015

Madrid en invierno



Madrid en invierno: fachada principal del Palacio de Santa Cruz, sede del ministerio de asuntos exteriores.

Fotografía tomada en la navidad de 2015.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Posibles reformas constitucionales


    Hoy 6 de diciembre de 2015 se cumplen 37 años de la aprobación de la vigente constitución española de 1978.

Las casi cuatro décadas transcurridas desde la promulgación de nuestra carta magna constituyen sin lugar a dudas el periodo más largo de democracia, estabilidad y prosperidad que nuestro país ha disfrutado en toda su historia.

Y, sin embargo, en los últimos años es cada vez más frecuente oír hablar a distintos representantes de las más diversas tendencias políticas del agotamiento del vigente texto constitucional, de la necesidad de su reforma, de la pérdida de legitimidad de la actual carta magna debido al tiempo transcurrido desde su promulgación, y de la caducidad del refrendo popular de la constitución de 1978 debido a que su aprobación fue el resultado de la expresión democrática de generaciones anteriores a aquella que hoy en día lidera el devenir de nuestra sociedad, generación ésta que se sentiría encorsetada y constreñida por un texto constitucional aprobado por sus mayores pero con el que ya no se identifica.

Pero a pesar de que, ciertamente, la España de 2015 en poco se parece a la de 1978, y la sociedad se ha transformado, ha evolucionado y se ha modernizado de manera radical en estos casi cuarenta años, no es menos cierto que, en contra de lo que parecen asumir los que defienden públicamente la necesidad de la reforma, incluso radical, de nuestra constitución, las alternativas y oportunidades que una posible reforma constitucional podrían ofrecer a la sociedad española no tendrían por qué necesariamente tener la orientación que algunos, de forma ingenua, o quizá sesgada, dan por hecha.

Porque no hay que olvidar que en cualquier sociedad democrática un texto constitucional, sea la vigente constitución de 1978 o cualquier otro texto que en el futuro pudiera substituirle, debe responder necesariamente a la voluntad y al consenso mayoritario del conjunto de la sociedad que es titular de la soberanía nacional, en nuestro caso el pueblo español.

Y es que resulta que en ningún sitio está escrito, aunque algunos pretendan darlo por hecho un día sí y otro también sin justificación empírica alguna, que el consenso social en caso de que en un futuro cercano echara a andar un proceso de reforma constitucional en España apuntara hacia planteamientos a favor de una concepción federal del estado, el reconocimiento del derecho a la autodeterminación de una parte del territorio nacional, el blindaje de pretendidos nuevos derechos civiles incorporados a nuestro derecho positivo en los últimos años, o la incorporación con carácter vinculante al texto constitucional de derechos sociales y económicos al objeto de construir una sociedad más igualitaria en España.

Porque a lo mejor más de uno se llevaría una sorpresa si al final termináramos abriendo el proceso de reforma del texto constitucional, pues quizá entonces se pusiera de manifiesto que, en realidad, el consenso mayoritario del conjunto de la sociedad española titular de la soberanía nacional en 2015 está más por asegurar la igualdad de todos los españoles independientemente de la parte del territorio en la que vivan, por devolverle al estado central competencias exclusivas en aquellas materias que sirven para garantizar la soberanía nacional (tales como la educación, la administración de justicia, o el orden público), por blindar el uso de la lengua española sin ningún tipo de limitación en todo el territorio nacional, o por reforzar en nuestro ordenamiento la libertad individual de los ciudadanos y protegerla de las amenazas igualitaristas de un estado del siglo XXI cada vez más invasivo de nuestro libre albedrío...

Porque nadie tiene el patrimonio de la verdad a la hora de interpretar cuál podría ser la voluntad de los ciudadanos en caso de que se abriera el melón de la reforma constitucional en España, sobre todo después de que la mayoría de este país haya tenido casi cuarenta años para poder apreciar lo que algunos han hecho con la enorme generosidad del consenso constitucional de 1978, de la que han pretendido sacar tajada de manera ventajista y tramposa para dividir a los ciudadanos, aprovecharse de la mayoría de manera parasitaria, y usar de forma completamente desleal la capacidad de actuación que la propia constitución y la soberanía nacional, origen de todo poder en nuestra sociedad, les cedieron en préstamo.

Y es que a veces los pueblos, cuando se les da la oportunidad de hacerlo, no deciden lo que algunos esperan de ellos, sino lo que les da la real gana. Es lo que tiene la democracia...


jueves, 19 de noviembre de 2015

París 13N. ¿Otra vez No a la Guerra?



   Solo han pasado unos días desde los atentados yihadistas de París de la noche del 13 de noviembre de 2015 cuando la izquierda radical española, descolocada políticamente por la reacción social generalizada de apoyo a Francia y a sus valores de Libertad y Democracia, ya ha empezado a desempolvar el "No a la Guerra".
 
En 2015 tras el 13N en París, como en 2001 tras el 11S en Nueva York, o en 2004 tras el 11M en Madrid... La misma línea argumental demagógica y la misma renuncia a defender la sociedad occidental y sus valores, a pesar de que esa izquierda radical solamente florece en Occidente, precisamente porque es aquí donde se dan las condiciones de Libertad y Democracia que le permiten desarrollarse y que el terrorismo quiere destruir.
 
La izquierda radical quiere ser la conciencia crítica que transforme esta sociedad occidental liberal y burguesa. Pero mientras esa transformación llega, si es que llega algún día, no moverá un dedo para proteger a nuestra sociedad y nuestro modo de vida, aunque,  eso sí, seguirá viviendo a cuenta de lo que esta misma sociedad le ofrece y le garantiza, a golpe de subvención, de gasto público y de subsidio…
 
El problema es que quienes defienden ahora este nuevo “No a la Guerra” se olvidan de que el Estado Islámico no es una ONG, sino un movimiento yihadista capaz de violar y convertir en esclavas sexuales a las mujeres yazidíes, o dinamitar las ruinas de Palmira, o asesinar a los homosexuales por el mero hecho de serlo. Pero no hay mucha originalidad en todo esto; estos progresistas de salón recorren un camino que ya otros marcaron, y siguen la estela de sus hermanos mayores, que en 2011 no quisieron ver a las mujeres en Kabul enclaustradas tras un burka o apedreadas por ser consideradas adúlteras después de haber sido violadas, ni a los Budas de Bamiyán destrozados a cañonazos, ni al fanatismo y el odio a Occidente inculcado a los adolescentes en las madrasas de Herat y Kandahar; los mismos que en 2004 no quisieron ver cómo se estaba violentando a la sociedad española al manipular una jornada de reflexión previa a unas elecciones generales, para así torcer la voluntad de la ciudadanía en un ejercicio más propio de un golpe de estado que de una democracia parlamentaria.
 
En última instancia no deberíamos olvidar que los que mandan en Raqqa y en Mosul, los chicos del Estado Islámico, no son precisamente receptivos a los puntos de vista de los políticos progresistas, ni a los argumentos de las feministas militantes, ni a los discursos de los pacifistas bienintencionados… y que tampoco suelen ablandarse por más velas que se enciendan o más ramos de flores se depositen en las plazas públicas.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Enseñarás a volar...



    Enseñarás a volar

Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.

(Madre Teresa de Calcuta)

(PS: Dedicado a José Luis, el amigo y compañero de trabajo, buena persona como pocos, que me enseñó este poema)



 

lunes, 9 de noviembre de 2015

El machismo como coartada multiusos


   La mayoría de los ciudadanos españoles solemos considerar que esta España en la que nos ha tocado vivir, si bien imperfecta en muchos aspectos, es también una sociedad en la que los derechos y la igualdad de los ciudadanos están garantizados.

Sin embargo, en los últimos tiempos no es infrecuente encontrar en los medios de comunicación y en sectores de la opinión pública voces que discrepan de esa afirmación. Y de entre todas esas voces críticas, que no creen que nuestra sociedad garantice los derechos y la igualdad de los ciudadanos, destaca la de aquellos grupos que denuncian la desigualdad que, entienden, existe entre hombres y mujeres en esta España del siglo XXI, y que conforman el denominado movimiento feminista.

Y aunque a alguno de nosotros nos pudiera resultar así de entrada difícil de aceptar una afirmación tan rotunda, quienes hablan en nombre del feminismo encuentran una y otra vez motivos para su crítica. Consideremos en este sentido algunos ejemplos:
  1. Como quizá algunos recuerden, hace semanas una resolución del Juzgado de lo Social número 18 de Madrid dictaminó que excluir de los programas de reproducción asistida financiados con fondos públicos a una mujer lesbiana es un supuesto de discriminación en base a su orientación sexual y, por tanto, una vulneración de un derecho fundamental (véase noticia al respecto publicada en prensa). Esta decisión jurisdiccional ha puesto en cuestión el criterio seguido hasta ahora por la Administración española, según el cual la sanidad pública solo debe cubrir el coste de los tratamientos de naturaleza curativa que reciben los ciudadanos, dejando fuera de la financiación con fondos públicos a aquellos actos médicos que carezcan de esa finalidad, como es el caso de los programas de reproducción asistida destinados a mujeres que pretenden tener hijos sin recurrir al mecanismo natural para la gestación en la especie humana. Esta resolución judicial ha sido ampliamente celebrada por las organizaciones feministas, que la interpretan como un varapalo judicial a las políticas patriarcales y reaccionarias imperantes, y un paso adelante en la protección de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Así, la resolución del Juzgado de lo Social número 18 de Madrid constituye para el movimiento feminista un claro avance contra el machismo.
  2. Por otro lado, el 7 de noviembre de 2015 colectivos feministas de toda España organizaron en Madrid la denominada Marcha Estatal contra las violencias machistas, en la que, además de manifestarse en repulsa por la muerte todos los años en nuestro país de decenas de mujeres víctimas de violencia de género a manos de sus parejas masculinas, denunciaban también comportamientos retrógradas y patriarcales que, a su juicio, siguen sufriendo las mujeres en España, tales como la discriminación salarial respecto de sus compañeros varones, las restricciones a la posibilidad de abortar libremente, o la falta de rigor en la aplicación de la Ley integral contra la violencia de género impulsada por el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero en el año 2004 (que, esencialmente, buscando proteger a las mujeres de la violencia a manos de sus esposos y compañeros sentimentales varones, estableció en nuestro derecho penas reforzadas para ciertos tipos penales cometidos por hombres siempre y cuando sus víctimas sean sus parejas femeninas, dando así carta de naturaleza a la discriminación selectiva en razón de sexo en contra del varón en el ordenamiento jurídico español) , comportamientos estos que en conjunto constituirían, en palabras de las organizadoras de la marcha,  "terrorismo machista".
  3. Además, aunque desde el año 2007 está vigente e España la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, promulgada también por iniciativa del gobierno de Rodríguez Zapatero con la finalidad de fomentar la participación de las mujeres en los órganos de dirección y control de la administración pública y del sector privado con un enfoque de discriminación positiva en favor de las mujeres (y, consecuentemente, de discriminación negativa en contra de los varones), sistemáticamente voces del entorno feminista acusan a las empresas y los poderes públicos de tibieza en la puesta en marcha de la Ley 03/2007, y denuncian que todavía persiste el comportamiento machista en la Administración y el sector privado en España.
De lo expuesto hasta ahora podría deducirse que efectivamente la España actual tiene un déficit severo en lo que se refiere a igualdad y derechos, el cual sería atribuible en primer lugar al  machismo, que se constituiría así en paradigma absoluto de lo negativo que en nuestra sociedad se da, de manera tal que las palabras machismo y machista tendrían en última instancia tal multiplicidad de significados, todos ellos peyorativos, que sin duda ninguna tendríamos que considerarlas casos extremos de polisemia en lengua española.

Así, si hiciéramos caso del pensamiento feminista, entrarían dentro de la categoría de machismo cosas tales como las siguientes:
  • Negar a las mujeres el derecho subjetivo a la gestación sin mediar relaciones sexuales con un ser humano del género masculino.
  • No garantizar a las mujeres el derecho a un salario igual que el de sus compañeros varones.
  • No aceptar que las mujeres tengan un derecho absoluto a abortar libremente.
  • Rechazar la discriminación en razón de sexo en el ordenamiento jurídico español.
  • Estar en contra de las políticas de cuotas y la Administración y el Sector Privado y, consecuentemente, en contra de cualquier discriminación, tanto da que sea positiva o negativa.  

Sin embargo, si en vez de aceptar los criterios del movimiento feminista recurrimos a la REAL ACADEMIA ESPAÑOLA, que a fin de cuentas sigue siendo la máxima autoridad en nuestra lengua a la hora de establecer lo que de verdad quieren decir las palabras, constataremos que machismo y machista no son en realidad términos polisémicos, sino que, antes bien, tienen significados únicos y precisos. Así, el diccionario de la lengua española define machismo como "Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres", y machista como "partidario del machismo".

Por tanto, y aun a riesgo de ser considerado machista (y no solo eso, sino también patriarcal, reaccionario, retrógrado, y ya de paso quizá hasta cavernícola, talibán, arcaico, o antiguo...), me veo en la obligación de reivindicar mi disenso con el pensamiento feminista tan en boga en estos tiempos que corren, me considero legitimado para expresar públicamente en este mi blog mis ideas (que es lo que tiene tener un blog, que le confiere a uno la posibilidad de defender lo que tenga por conveniente y a escribir lo que le venga en gana, lo que en justa correspondencia le da a su vez a todos ustedes la capacidad de decidir si quieren, o no, leer lo que aquí se escribe...), y en última instancia me considero con derecho a defender mis puntos de vista sobre algunas de las cosas que el feminismo engloba en el término machismo.

Porque de acuerdo con mis convicciones, y aunque el feminismo (o Agamenón y su porquero, parafraseando a Antonio Machado en su "Juan de Mairena") afirmen lo contrario, creo firmemente lo siguiente:

  • Ningún ser humano tiene derecho a la maternidad (o la paternidad, que también hay quien lo propugna...) en contra del orden natural, y, en consecuencia, semejante aspiración no debería ser protegida (y mucho menos subvencionada) por los poderes públicos. Es más, en esa cuestión el único que en realidad tiene un derecho que sí se debe proteger es el menor, que tiene derecho a un padre y una madre biológos de acuerdo con el orden natural.
  • Nadie tiene, (ni por sí mismo ni por comparación con otro...) derecho a un determinado salario; el salario no es el resultado de un derecho, sino la contrapartida por el trabajo que cada uno efectivamente realiza, por la productividad de su desempeño profesional, por el valor añadido que genera, y por su compromiso y disponibilidad en el puesto de trabajo.
  • El aborto no es un derecho, sino la pretensión de ciertas mujeres de poder disponer sobre la vida o la muerte de un ser humano concebido y no nacido, y además de hacerlo de manera unilateral, negándole al progenitor masculino su derecho a opinar sobre el asunto).
  • La discriminación, cualquier discriminación, aunque sea por un bien superior, aunque sea la discriminación en razón de sexo para combatir el machismo, es siempre algo rechazable en cualquier ordenamiento jurídico, y pretender justificarla nunca sirve para proteger o fomentar bien superior alguno, pues siempe termina siendo la excusa perfecta que nos lleva a la desigualdad, la injusticia y el sufrimiento, y a crear ciudadanos de primera y de segunda (como en las sociedades esclavistas, o en los regímenes islamistas radicales que aplican la Sharia, o en la Alemania nazi...).
  • La sociedad debe garantizar a todos los ciudadanos sin excepciones la más completa igualdad de oportunidades a nivel individual (derecho a la educación, a la movilidad social, a la libertad individual, etc.), pero a partir de ahí cada individuo debe avanzar en la vida y progresar socialmente en base a su trabajo y a su esfuerzo, sin que su evolución se vea condicionada por la manipulación dirigista del Estado, pues cada vez que el Estado prima a un individuo está a la vez perjudicando inexorablemente a otro...

Y por todo esto, aun a riesgo de ser considerado machista (y también patriarcal, reaccionario, retrógrado, cavernícola, talibán, arcaico, o antiguo...), me cuesta aceptar que la sociedad en la que vivo discrimine sin más a las mujeres en beneficio de los hombres (mucho menos que lo haga de forma global y sistemática...), y tampoco tengo claro que los hombres, como si de un rasgo genético se tratase, nos dediquemos a tener una "Actitud de prepotencia respecto de las mujeres", o sea, que seamos un atajo de machistas.

Y por lo mismo, me niego a aceptar que el machismo siga siendo la perfecta coartada multiusos en manos del feminismo, una coartada que al final solo sirve para que haya quien se considere con derecho a discriminar, o a propugnar el igualitarismo ramplón, o a atribuirse el poder de decidir sobre la vida o la muerte de otro que no puede defenderse.



sábado, 31 de octubre de 2015

Sáhara Occidental: 40 años de espera

   Hace ahora 40 años, en noviembre de 1975, el mundo andaba bastante revuelto, y los medios de comunicación reflejaban una actualidad variopinta y a la vez convulsa.

Así, en el plano internacional el mes fue prolijo en noticias:

  • El 2 de noviembre fallece el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini.
  • El 6 de noviembre se produce un golpe de estado en Bangla Desh.
  • El 11 de noviembre Angola proclama su independencia de Portugal.
  • El 14 de noviembre Steve Harris crea la banda de heavy metal “Iron Maiden”.
  • El 29 de noviembre Indonesia invade Timor Oriental.

Mientras tanto, en España los periódicos daban también cuenta de todo tipo de información de diversa índole:
  • El 3 de noviembre mueren 27 mineros en una explosión ocurrida en una mina de carbón en Berga (Barcelona), mientras que otros 6 resultan heridos.
  • El 5 de noviembre Televisión Española emite la película "Underworld USA", dirigida por Samuel Fuller en 1961 y protagonizada por Cliff Robertson.
  • El 6 de noviembre se estrena en Madrid la versión española del musical de Andrew Lloyd Webber “Jesucristo Superstar”.
  • El 20 de noviembre muere Francisco Franco.
  • El 22 de noviembre Juan Carlos I es proclamado Rey de España.

Pero mientras todo esto ocurría en el mundo y en España, el destino del pueblo saharaui y del Sáhara Occidental, el territorio que una vez fue la 53ª provincia española, se perdía irremisiblemente en los vericuetos de la Guerra Fría y veía así frustrado su acceso a la plena independencia debido a la traición de uno, las ambiciones de algunos, los manejos turbios y corruptos de otros, y la cobardía de muchos:
  • El 2 de noviembre el entonces príncipe Juan Carlos, jefe es estado en funciones por la agonía de Franco, visita por sorpresa el Sáhara Occidental y en un acto castrense en el Casino Militar de El Aaiún declara que "España no dará un paso atrás, cumplirá todos sus compromisos, respetará el derecho de los saharauis a ser libres", para seguidamente afirmar: "No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo".
  • El 6 de noviembre se produce, oficialmente, la invasión de Marruecos del Sáhara Occidental, la denominada “Marcha Verde”.
  • El 9 de noviembre Hassan II da por conseguidos sus objetivos en el Sáhara Occidental y, mientras espera que se abran conversaciones oficiales con España, se aviene a retirar la Marcha Verde hasta Tarfaya, en el lado marroquí de la frontera internacional del territorio. Ese mismo día Argelia retira a su embajador en Rabat en protesta por la invasión del Sáhara.
  • El 12 de noviembre se inicia bajo los auspicios de los Estados Unidos la Conferencia de Madrid, en la que España, Marruecos y Mauritania negocian el futuro del Sáhara Occidental y el destino del pueblo saharaui de espaldas a la ONU y en flagrante violación tanto del Derecho Internacional como del Ordenamiento Jurídico español. 
  • El 14 de noviembre se firman los “Acuerdos de Madrid” mediante los cuales España entrega el Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania para que se lo repartan.

Ahora, 40 años después de aquel mes de noviembre de 1975, tres cuartas partes del Sáhara Occidental siguen ocupadas ilegalmente por Marruecos, que en estas cuatro décadas ha desarrollado una persecución despiadada del pueblo saharaui, ha esquilmado sus recursos naturales, y ha asentado en el país a miles de colonos marroquíes con la intención convertir a los saharauis en extranjeros en su propia tierra.

Y mientras todo esto ocurría, los saharauis ponían sus esperanzas en que la Comunidad Internacional hiciera frente a la invasión marroquí, y en que la ONU, las grandes potencias del mundo, y España como potencia administradora de iure del Sáhara Occidental cumplieran con sus responsabilidades y propiciaran que el Sáhara Occidental fuera por fin libre e independiente.

Sin embargo nada de esto ha ocurrido, y a los saharauis solo les quedan dos alternativas. Pueden seguir esperando (¿durante otros 40 años quizá?) una solución diplomática que probablemente nunca llegará. O, por el contrario, pueden dar por superada de una vez esa espera pasiva a que el fin de la ocupación ilegal de su tierra por Marruecos llegue de la mano de otros, pueden pasar página, pueden volver a ser los actores de su propio destino, y pueden empezar a recorrer por si mismos, con todos los medios posibles a su alcance, el camino hacia la libertad y la plena independencia de la República Saharaui.

Aunque también pueden optar por esperar a que el hoy rey emérito Juan Carlos I cumpla su promesa del 2 de noviembre de 1975 y vuelva a El Aaiún dado que, desde entonces, algún que otro tiro sí que ha sonado en el Sáhara Occidental...



  

lunes, 26 de octubre de 2015

¿La Rusia del siglo XXI?




Un pope en el Monasterio de la Trinidad y San Sergio, en Sérguiev Posad (Federación Rusa): ¿el icono de la Rusia del siglo XXI?.

Fotografía tomada en agosto de 2015.


viernes, 23 de octubre de 2015

Quien salva una vida salva al mundo entero


 
   "Quien salva una vida salva al mundo entero" (Talmud)

 
En la tradición judía se denomina Noájida (del hebreo בני נח, “ben Noaj”), a aquel que, aun no siendo judío, y sean cuales sean sus creencias, es reconocido como fiel y venerador de Dios porque cumple los siete mandamientos que la Torá establece para todos los hombres, porque es temeroso de Dios. Cuando esto ocurre, la persona es considerada gentil justo o justo entre las naciones (en hebreo, “Jasidei Umot ha-Olam”) y entonces, según la religión judía, será merecedor de una recompensa divina.
 
Según la Halajá (en hebreo הלכה), que es la recopilación de las principales leyes judías, los siete preceptos divinos que deben ser observados por los no judíos para ser considerados justo entre las naciones son los siguientes:

     1. No adorar falsas deidades y reconocer que hay un solo Dios

     2. No blasfemar en contra de Dios

     3. Apoyar los tribunales de Justicia que garanticen el respeto de la moral pública

     4. No matar violentamente a ningún otro ser humano

     5. No robar

     6. No tener relaciones sexuales ilícitas

     7. No comer animales vivos
 
En estos tiempos de ataques terroristas contra civiles inocentes, tiempos de dolor y sufrimiento para nuestros hermanos judíos, hay que estar más que nunca a su lado y, por tanto, apoyar inequívocamente al Estado de Israel.



 


sábado, 26 de septiembre de 2015

¿Tan mala sería la secesión de Cataluña?

 
   De un tiempo a esta parte la opinión pública y los medios de comunicación andan a vueltas con el riesgo de que en un determinado momento Cataluña proclame su independencia y se separe de España.
 
Al respecto, cuando se considera esta posibilidad la discusión suele centrarse en si Cataluña tiene o no derecho a la independencia, y en si esta independencia sería o no un buen negocio para los catalanes. Sin embargo, hay un enfoque de este asunto que no se suele considerar, y es si para España sería en realidad tan malo que Cataluña se convirtiera en un estado independiente.
 
Sin necesidad de remontarnos mucho en los 500 años de historia en común, los últimos 35 años de la relación de Cataluña con el resto de España, los que se inician en 1980, con la inesperada victoria del nacionalismo catalán en las primeras elecciones autonómicas tras el final del franquismo, y llegan hasta el presente 2015, cuando el secesionismo catalán ha conseguido poner en riesgo el conjunto de la arquitectura institucional y política de nuestro país, muestran a las claras cuán negativos para el conjunto de los españoles han sido los efectos de la pertenencia de Cataluña a España.
 
Porque, reconozcámoslo, en estos 35 años, Cataluña ha sido para el resto de España un permanente dolor de cabeza político, económico e institucional.
 
Desde 1980 hasta hoy Cataluña ha ido progresivamente emborrachándose de un nacionalismo sectario y excluyente, que ha despreciado y marginado todo lo que pudiera identificarse con España en términos sociales y culturales, pero que a la vez se dedicaba a chuparle la sangre al resto de España exigiendo más y más privilegios políticos y económicos a cambio de participar en las componendas cainitas de los grandes partidos estatales, para de esta forma ir obteniendo dinero fresco con el que costear sus proyectos para la construcción de una Cataluña independiente de pesadilla...

sábado, 19 de septiembre de 2015

La verdadera medida del amor


      "La verdadera medida del amor es la vulnerabilidad: cuanto más amamos a alguien, cuanto más nos importa esa persona, más indefensos estamos ante el dolor que nos puede llegar a causar, y mayor es nuestra fragilidad frente a la decepción y la pena que nos producen sus desplantes, sus egoísmos, y sus desprecios.”

     (Jorge Muntaner París; “Reflexiones”; Albarracín, 1939)

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
Áspero, tierno, liberal, esquivo,
Alentado, mortal, difunto, vivo,
Leal, traidor, cobarde y animoso;

No hallar fuera del bien centro y reposo,
Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
Enojado, valiente, fugitivo,
Satisfecho, ofendido, receloso.

Huir el rostro al claro desengaño,
Beber veneno por licor suave,
Olvidar el provecho, amar el daño;

Creer que el cielo en un infierno cabe,
Dar la vida y el alma a un desengaño:
Esto es amor. Quien lo probó lo sabe.

     (Félix Lope de Vega; "Varios efectos del amor")







miércoles, 2 de septiembre de 2015

España también es África

   De un tiempo a esta parte los medios de comunicación españoles han hecho recordar a los ciudadanos la existencia de una serie de enclaves del territorio nacional en el norte de África que, junto con Ceuta y Melilla, conforman lo que tradicionalmente se han denominado Plazas de Soberanía, y que engloban a la Isla de Perejil, el Peñón de Vélez de la Gomera, el Peñón de Alhucemas y las adyacentes Isla de MarIsla de Tierra, las Islas Chafarinas, y la Isla de Alborán.
 
Históricamente las Plazas de Soberanía fueron consideradas el testimonio de la presencia secular de nuestro país en la ribera sur del Mediterráneo y asumidas con naturalidad como parte del territorio nacional: España está presente en Melilla desde 1497 (15 años antes de la incorporación de Navarra en 1512, por ejemplo), en el Peñón de Vélez de la Gomera desde 1508, en Alhucemas desde 1560, en Ceuta desde 1580, y en Chafarinas desde 1848.
 
Sin embargo, tras la muerte de Franco estos territorios norteafricanos se convirtieron en algo de lo que la clase política, con una pueril obsesión por diferenciarse del régimen franquista, se avergonzaba, y que se veían como un residuo del pasado que era mejor ocultar y, además, como un obstáculo para esa relación más próxima a la claudicación que a la amistad que los sucesivos Presidentes del Gobierno desde 1975 han desarrollado con el Rey de Marruecos y el Gobierno de Rabat, desde Adolfo Suarez a Mariano Rajoy, pasando por Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero...
 

viernes, 28 de agosto de 2015

Europa ante la inmigración ilegal

Desde que el mundo es mundo, las personas no se han se han conformado con vivir para siempre en el lugar que les vio nacer, sino que, por el contrario, cada vez que sus condiciones de vida se han vuelto peligrosas, inseguras, o simplemente insatisfactorias, los hombres han tomado la decisión de abandonar su tierra y desplazarse a otro lugar en el que intentar labrarse un futuro mejor. Y a ese proceso lo hemos denominado "emigración".

La emigración ha constituido desde siempre un fenómeno consustancial al ser humano, sin el cual de hecho sería imposible explicar, no ya nuestra proliferación por toda la faz de la tierra, sino incluso nuestro propio proceso evolutivo como especie. Sin embargo, al igual que la propia la raza humana ha ido evolucionando a través de la historia, lo mismo ha ocurrido con nuestra capacidad para desplazarnos a otras tierras.
 
Si en un principio la existencia del hombre fue una realidad meramente individual o, como mucho, se desarrollaba en grupos familiares reducidos, paulatinamente nos fuimos integrando en entidades colectivas más y más grandes. Y en ese proceso nuestra vida fue alterándose, nuestro libre albedrío se vio limitado, y fuimos perdiendo cuotas de libertad individual, pero a la vez nuestras condiciones de vida mejoraron de forma exponencial. Y al tiempo que dejábamos de ser un mero individuo y nos transformábamos en miembros de una familia, de un clan, de una tribu, de una sociedad civil, y finalmente de un Estado, fuimos disponiendo de más recursos para combatir el hambre, la enfermedad y el sufrimiento, y de más herramientas para desarrollar nuestras capacidades y procurar la felicidad.
 
Y los cambios y factores que han afectado al ser humano a lo largo de la historia, haciéndonos pasar de individuo a ciudadano en unos pocos miles de años, también han transformado nuestra capacidad para abandonar nuestra tierra y desplazarnos a otra para buscar una vida mejor, de manera que también el fenómeno migratorio ha evolucionado radicalmente.
 
En un principio los hombres se movían con plena libertad y simplemente tomaban cuando querían la decisión de desplazarse, pero lo hacían por sus exclusivos medios, en distancias cortas (al otro lado de la colina, de un valle a otro, como mucho a la isla que se divisaba desde la costa…), y a su propio riesgo y ventura, por lo que siempre estaban expuestos a que otros humanos que ya ocupaban el lugar de destino los acogieran bien… o acaso muy mal, nunca se sabía.... De esta manera, unas veces los habitantes de las nuevas tierras eran amistosos con los que llegaban, pero otras los recibían con las armas en la mano, o solo estaban interesados en apropiarse de sus pertenencias y sus mujeres, o buscaban sin más practicar el canibalismo con los recién llegados, que de todo había…

jueves, 20 de agosto de 2015

Descubriendo Rusia



Nuestro avión aterriza de madrugada en el aeropuerto de Domodédovo.

En el camino hacia Moscú, por la ventanilla del coche se divisan bosquecillos de abedules, y al verlos se me vienen a la memoria lecturas juveniles de literatura rusa en las que siempre aparecía un mujik, un campesino, que calzaba botas de corteza de abedul (¿pero cómo puede uno en realidad hacerse unas botas con la corteza de un árbol? Nunca lo entendí...).

Primer día en Rusia, y yo me paso el tiempo rastreando recuerdos de la época soviética, en cada edificio y en cada rincón, como si estuviera pagando un tributo al adolescente que creció viendo el rostro de Leónidas Brézhnev en los telediarios, el mismo que por alguna extraña razón siempre recordó que Mijaíl Suslov era el guardián de la ortodoxia comunista en la URSS (no, si ya de jovencito uno apuntaba maneras...).

Pero en realidad a las pocas horas de empezar a deambular por la ciudad uno percibe que la URSS y el comunismo son, para la mayoría, el recuerdo de un pasado lejano que ya casi han borrado de su memoria, cuando no, para los más jóvenes, la cantinela de la que a buen seguro habrán oído hablar una y mil veces a sus abuelos y a sus padres. Por el contrario, los nostálgicos de la Revolución y el Hombre Nuevo Socialista deben ser probablemente escasos, y me los imagino con el aspecto de náufragos añorando un paraíso perdido en medio de un océano consumista.

La sensación al pasear por Moscú es que el pueblo ruso, y sobre todo la gente joven, se ha vuelto furibundamente capitalista, adora la ostentación, y se ha imbuido de un espíritu impúdicamente exhibicionista (joyería comprada al peso, tacones de vértigo, motos ruidosas, coches de lujo los que pueden pagarlos, luces de colores por doquier...). Y para las mujeres jóvenes el canon estético consiste en tener un aspecto tan exuberante como sea posible para a continuación mostrarlo sin pudor alguno (vamos, que sus abuelos y abuelas hicieron una revolución y construyeron 70 años de socialismo científico propugnando la igualdad radical entre hombres y mujeres, y ahora las veinteañeras moscovitas van y se disfrazan de “Barbie casquivana"…).

También llama poderosamente la atención la cantidad de rostros no occidentales que pueden verse por la calle. Entre los que pasan por locales es alto el porcentaje de gente que parece ser de Asia Central, Caucásica, Tártara, e incluso Mongola. Y entre los foráneos es fácil identificar Chinos (muchos, muchísimos, por todas partes…), pero también Japoneses, Hindúes, Turcos, e incluso Iraníes (y es que los occidentales empezamos a estar en decadencia hasta en el turismo…).

Seguimos conociendo Moscú, y hoy toca visitar el Museo de la Batalla de Borodino. La Batalla de Borodino tuvo lugar durante la invasión napoleónica de Rusia a principios del siglo XIX, el 7 de septiembre de 1812; en ella lucharon los rusos de una parte y los franceses (más sus aliados italianos, prusianos y polacos) de otra. El resultado de la batalla fue incierto, pero el hecho es que acabó con la retirada del ejercito ruso, la toma de Moscú por el ejército francés, y la entrada de Napoleón en la ciudad. En consecuencia, en cualquier país normal Borodino se conmemoraría como una derrota (heroica, abnegada, admirable… pero derrota al fin y al cabo). Pero no en Rusia. En Rusia Borodino se conmemora como la victoria definitiva del pueblo ruso sobre el invasor francés… ¿Alguien me lo puede explicar? Es lo que tiene el nacionalismo...

Cuando uno recorre Moscú es muy frecuente encontrarse en cada esquina con recuerdos de la época soviética. Hay monumentos, placas conmemorativas, estatuas, lápidas, y hasta murales dedicados a todo tipo de motivos revolucionarios. Sin embargo hay un tema que se lleva la palma, y ese es Lenin. La memoria oficial de Vladímir Ilich Uliánov, conocido por el sobrenombre de "Lenin", en forma de efigie, silueta, mosaico, mural, o nombre oficial es prácticamente omnipresente en las calles de Moscú y del resto de Rusia. Así, en la ciudad hay estatuas de Lenin, placas conmemorativas de Lenin, bustos de Lenin, una avenida llamada Lenin, y hasta una gran biblioteca dedicada a Lenin, todo ello en memoria del insigne revolucionario que en 1917 lideró la Revolución de Octubre (que en realidad para Occidente estalló el 7 de noviembre... cosas de los calendarios), que dió lugar al nacimiento de la Unión Soviética. Y sin embargo estamos en un país, no lo olvidemos, que lleva décadas intentando borrar su pasado comunista, a pesar de lo cual Lenin sigue constituyendo un tabú y un mito imborrable. ¿Será quizá el tributo a pagar a cambio de mantener dormido y archivado en la memoria el verdadero recuerdo de la época socialista?

Al final de la mañana visitamos la Galería Tretiakov de Arte Moderno en Krymsky Val, frente al Parque Gorki. Al contrario que su hermana mayor la sede principal de la Galería Tretiakov, dedicada al Arte Clásico y Religioso (probablemente más del gusto de las autoridades actuales, y por tanto más cuidada por el dinero público), la Galería Tretiakov de Arte Moderno alberga, en un edificio de imponente estética funcional inequívocamente soviética, unos fondos que condensan de manera impresionante los últimos 100 años de la pintura y la escultura rusas: desde el impresionismo a las vanguardias, pasando por el más genuino realismo socialista. Y sin embargo el aspecto del museo es triste, desangelado, decadente. Uno diría que la nueva Rusia no tiene el coraje de clausurar la Galería Tretiakov de Arte Moderno por el escándalo internacional que se produciría, pero que alberga en secreto el deseo de que la institución muera de inanición y desaparezca, para que así no queden rastros de lo que una vez representó un hito en la vida cultural de la Unión Soviética.

Por la tarde vamos a Kolomenskoe, un gran parque en el extrarradio de Moscú a orillas del río Moscova, con praderas enormes, unos curiosos jardines frutales, restos de un palacio del siglo XIX, un precioso museo de construcciones de madera al aire libre, y una iglesia dedicada a la Virgen de Kazan. Para llegar a Kolomenskoe se toma el metro (rápido, eficiente y barato; estupendo el metro de Moscú…), después hay que andar unos quince minutos por un barrio de la segunda mitad del siglo XX (quízá impersonal, pero desde luego funcional y muy bien planificado…) y finalmente se traspasan las puertas de recinto. Es domingo y estamos en verano, así que cuando llegas allí te encuentras con un montón de gente pasando la tarde: familias con niños, jóvenes practicando deporte, parejas de novios, turistas, etc. Y ver todo aquello te reconcilia, aunque sea un poquito, con la condición humana; porque esa imagen te resulta tan familiar que perfectamente se podría estar produciendo en Madrid, en Sevilla o en Valencia; porque incluso te recuerda escenas similares que has visto otras veces en lugares tan alejados unos de otros como Bogotá, Johannesburgo o Isfahán.

Y es que hasta en Rusia, en este país sorprendente cuyo solo nombre aun se asocia en la imaginación de millones de ciudadanos occidentales a cosas tales como "guerra fría", "espionaje" o "telón de acero", todos los seres humanos nos terminamos pareciendo bastante los unos a los otros al hablar de las cosas importantes: cuando nos divertimos, cuando estamos en familia, cuando nos enamoramos, o cuando paseamos por un parque una tarde de verano.


lunes, 10 de agosto de 2015

Monasterio de Novodévichi, Moscú (Rusia)




Monasterio de Novodévichi, en Moscú (Rusia): catedral de Nuestra Señora de Smolensk.

Fotografía tomada en agosto de 2015.

viernes, 17 de julio de 2015

Grecia: aquelarre en la Plaza Sintagma

 
Hace apenas unos días Atenas se nos aparecía como el centro de un huracán progresista que iba a barrer la Eurozona para echar abajo el edificio de la ortodoxia económica construido durante más de una década por parte de las Instituciones comunitarias.
 
El origen de todo esto era que el 5 de julio de 2015 se había celebrado en Grecia un referéndum, y que en ese referéndum el pueblo griego había decidido por amplia mayoría rechazar el plan de rescate que Europa pretendía imponerle, consistente en un paquete de medidas de austeridad y recorte del gasto público que, con la excusa de sacar al país del marasmo económico en que se halla, equilibrar las cuentas públicas y recapitalizar al sistema financiero, en realidad lo que pretendía era humillar al pueblo griego e imponerle décadas de sufrimiento y miseria.
 
Y ante esta situación insoportable, los griegos, haciendo uso de su soberanía y de su dignidad nacional, decidieron ignorar los designios de los acreedores y los banqueros, rechazaron el plan de rescate europeo, y se alzaron para liberarse del yugo del “IV Reich alemán” y de la canciller Angela Merkel, cabeza visible de la derecha europea fervientemente partidaria del denominado “austericidio” como dogmático purgante con que hacerle pagar a la clase trabajadora los excesos de los especuladores y la factura de la burbuja financiera.
 
Y para celebrarlo la gente salió a la calle en Atenas la noche del 5 de julio de 2015, y en la Plaza Sintagma, frente al Parlamento Helénico, se organizó de manera espontanea una manifestación a medio camino entre un espectáculo de "coros y danzas" (sirtaki y banderas al viento incluidas) y un aquelarre contra el “austericidio”, animado todo ello bengalas y fogatas para la quema figurada de Ángela Merkel en efigie…
 
Hace apenas unos días (¿solo unos días?, qué lejos se ve todo esto ya…) media Europa soñaba con una especie de revolución que cambiaría el sistema económico en el que se asienta nuestra sociedad. Sin embargo, unos días después poco queda de todo aquello, y el “Érase una vez” se ha transformado en “Esto es lo que hay”.
 
Porque en los últimos días el gobierno heleno del primer ministro Tsipras, justo después de llevar a su pueblo a un referéndum del tipo “viaje a ninguna parte”, se ha dado una ducha fría de realismo (que para el pueblo griego no está siendo fría, sino más bien helada…) y ha resuelto finalmente aceptar la ayuda de la Eurozona y así, por medio de un tercer rescate, intentar sacar a Grecia del agujero económico en que se encuentra. Y la medicina va a ser realmente muy amarga.
 
Y es que a cambio de los alrededor de 80.000 millones de euros que está previsto que Grecia reciba de Europa a lo largo de los próximos tres años (que, sumados a los 315.000 millones de los dos rescates anteriores, van a suponer que al final del proceso los europeos le habremos prestado a Grecia 395.000 millones de euros, o sea que cada europeo habrá puesto unos 750 euros de su bolsillo, y que de media cada griego habrá sido subvencionado por Europa con más de 35.000 euros), el país tendrá que llevar a cabo recortes adicionales en gasto público (sobre todo en pensiones y sueldos de funcionarios), subidas de impuestos, un ambicioso programa de privatizaciones, y agresivas reformas en su mercado laboral, medidas todas estas que endurecerán más aún si cabe las condiciones de vida de una sociedad como la griega sometida desde hace más de un lustro a los efectos de una terrible crisis económica y a un rosario de errores en política económica por parte de los gobiernos que se han ido sucediendo en el país.
 
Llegados a este punto algunos piensan que lo ocurrido supone triturar la soberanía del pueblo griego, certificar el monopolio del poder económico por parte de los poderes fácticos en Europa, dar carta de naturaleza a la dictadura de los mercados y los especuladores capitaneados por una Alemania ansiosa de imponer su bota política y económica al resto de Europa.
 
Los que así opinan se olvidan, sin embargo, de que frente a los 11 millones de griegos azotados por la crisis (asumiendo que todos ellos, sin excepción, se sintieran oprimidos por una ortodoxia económica neoliberal asfixiante, lo cual es mucho decir, sobre todo si tenemos en cuenta a aquellos que desde que se inició la crisis no han visto las cosas claras y han ido sacando alrededor de 100.000 millones de euros de los bancos del país, 17.000 millones de ellos los días previos a la victoria electoral de Tsipras y Syriza en enero de 2015) lo que hay no son “los mercados” o “los especuladores” como algo abstracto, sino 500 millones de ciudadanos de la Unión Europea, de los cuales, sin ir más lejos, 80 millones de alemanes, 8,5 millones de austriacos, 5,5 millones de finlandeses o 17 millones de holandeses se muestran según todas las encuestas mayoritariamente en contra de seguir sosteniendo con sus impuestos a una economía como la griega que durante años no ha sido capaz de salir de Cuidados Intensivos a pesar de los miles de millones de euros de ayuda europea que le han prescrito.
 
¿Acaso los alemanes, los austriacos, lo finlandeses, los holandeses, los europeos en general, no tenemos tanto derecho como los griegos a ejercer nuestra soberanía, a que nuestros políticos velen por nuestros intereses, a que nuestros gobernantes respeten nuestra voluntad como ciudadanos? ¿O es que solo los griegos que apoyan a Tsipras y a Syriza tienen esos derechos?
 
Otros consideran que lo que está ocurriendo con la crisis griega constituye una quiebra de los principios de igualdad y solidaridad que cimentaron la construcción de la unidad europea, entienden que las recetas de la Eurozona para salir de la crisis (lo que denominan “el austericidio”) están matando la ilusión y el futuro de millones de ciudadanos (de jóvenes a los que se les niega un futuro, de clases medias condenadas a la pobreza, de parados de larga duración sin esperanza de encontrar trabajo...). Y concluyen afirmando vehementemente que no creen en este modelo, que aspiran a una sociedad distinta, y que esta no es su idea de Europa.
 
Lo que pasa es que los que así opinan se olvidan de que la alternativa a esta Europa imperfecta (en la que por mor de la ortodoxia económica unos sufren la crisis mientras otros se quejan por seguir pagando la factura con sus impuestos…) no es otra Europa distinta, solidaria e igualitarista, donde la voluntad política pudiera torcerle el brazo a los mercados y a la realidad económica. Desgraciadamente esa Europa en la que sueñan no existe, y eso es así porque cosas como la multiplicación de los panes y los peces se dan, como mucho, en el Evangelio (y encima hay que creer en Dios para pensar que ocurrió en realidad…), pero no en la vida cotidiana.
 
Una Europa distinta a la que tenemos seria una sociedad que no nos podríamos permitir, porque la economía sería simplemente insostenible. Pero además sería una sociedad profundamente injusta e inmoral, en la que no se valorarían el trabajo, el esfuerzo, y la responsabilidad; y en esa Europa el igualitarismo acabaría con los principios de mérito y capacidad, y la libertad individual se quedaría en nada.
 
Resulta triste decirlo (e irritante para más de uno escucharlo…), pero la alternativa a la Europa que conocemos, que nos pide vivir según nuestras posibilidades y ser responsables de nuestras decisiones, tanto individual como colectivamente, no está aquí, sino en sitios tan poco apetecibles para vivir como Bielorrusia o Venezuela…
 
¿Os es que acaso los que rechazan la Eurozona y sus recetas preferirían emigrar e irse a vivir a Minsk o a Caracas?
 
Se admiten voluntarios para mudarse a esos paraísos…
 
 


(Postdata: al menos durante un tiempo este será el último post sobre la crisis griega. En ocasiones polemizar por escrito según de qué cosas nos termina produciendo rozaduras, como los zapatos que nos gustan pero a la vez nos aprietan…)


jueves, 2 de julio de 2015

Crisis en Grecia: ¿drama o chantaje?

 
En estos días Europa asiste, entre atónita y hastiada, a un nuevo episodio de la interminable historia del drama de Grecia, consistente en la constatación de la persistente y rotunda incapacidad de ese país para salir de la crisis económica que le castiga desde hace más de un lustro, la imposibilidad de devolver los miles de millones de euros con los que Europa ha intentado insuflar oxígeno a la sociedad y las finanzas helenas, y el sufrimiento que lacera a amplias capas de su ciudadanía, y que la ha llevado a la frustración y la desesperanza más absolutas.
 
El desencadenante del hasta ahora último acto de esta historia ha sido el agotamiento del segundo rescate financiero de la Eurozona a Grecia, la caída en mora del país, el riesgo aparentemente inminente de que Atenas no pueda seguir atendiendo a sus más elementales compromisos financieros (pensiones, sueldos de funcionarios, intereses de la deuda…), y sobre todo la respuesta desleal y populista que el gobierno de Alexis Tsipras y SYRIZA ha dado a este apocalíptico escenario, consistente en levantarse de la mesa de negociación con la Eurozona y convocar por sorpresa una especie de referéndum plebiscitario a través del cual pretende escenificar un aquelarre con el que responsabilizar a Europa de todos los males de Grecia, sin excepción, y a la vez chantajear a las instituciones y a los ciudadanos europeos con el daño colateral que acarrearía el hundimiento final de Grecia si Europa no se rasca de nuevo el bolsillo para salvar una vez más al país y sacarlo del atolladero en que se encuentra, a saber: la puesta en cuestión del futuro del euro, y aun del propio proyecto europeo; la inestabilidad absoluta en los mercados financieros; la subida de tipos de interés y el encarecimiento de la financiación en Europa; y en última instancia el riesgo de un efecto dominó mediante el cual la onda expansiva del terremoto económico e institucional que está hundiendo a Grecia pudiera llevarse también por delante a los eslabones más débiles de la cadena del euro (por supuesto a Portugal e Irlanda, y, ¿por qué no? en un determinado momento quizá también a Italia, y aún a la propia España…).
 
Ante este panorama, un sector de las instituciones europeas ya ha empezado a maniobrar para buscar un compromiso que poder ofrecerle a Alexis Tsipras y a SYRIZA, y desbloquear así la situación. De esta forma, algunos pretenderían conjurar el mal mayor (el Armagedón definitivo en la Eurozona a cuenta de la crisis griega…) asumiendo el mal menor, y comprar con dinero (con más dinero… y van ya 315.000 millones de euros prestados por los acreedores internacionales a Grecia, con lo que cada ciudadano griego toca de media a casi 30.000 euros de deuda a sus espaldas…) el que el gobierno de Atenas no lleve a su pueblo al suicidio económico y se lance a la suspensión de pagos siguiendo la estela que en el pasado ya recorrieron naciones tan reconocidas por su fortaleza económica e institucional (???) como La Argentina, Nigeria, Ucrania o Turquía.
 
Y estos biempensantes no están solos, porque un número no desdeñable de ciudadanos europeos (unos cuantos de ellos españoles) tienden a pensar que lo que está ocurriendo en Grecia es una especie de versión macroeconómica de las plagas bíblicas, que castiga injustamente a los griegos por unos pecados que ellos no han cometido (quizá sí sus políticos, sus empresarios, sus oligarcas, sus clases dirigentes en definitiva, pero no los ciudadanos…), por lo que nuestra obligación moral es asistirlos y salvarlos de la tragedia en que se ven inmersos, cueste lo que cueste.
 
Toda esta interpretación seráfica del drama griego, visto como una especie de lucha desigual entre el mal absoluto personificado en las clases dirigentes y el bien absoluto encarnado por los ciudadanos de a pie, resultaría estupenda y desde luego muy tranquilizadora para nuestras conciencias. Eso sí, si fuera verdad.
 
Porque lo que ocurre en realidad, al menos desde mi punto de vista (los que me seguís ya me conocéis: liberal converso y por tanto recalcitrante donde los haya…), es que Grecia y los griegos están donde están como consecuencia de cómo se han gobernado a sí mismos durante décadas. Y lo que las instituciones europeas (y los biempensantes que les rodean…) deberían hacer es medir las consecuencias de su buenismo y, de paso, ocuparse de proteger al conjunto de los ciudadanos europeos, no vaya a ser que al final salgamos todos (los griegos, pero también el resto de los ciudadanos de la Eurozona…) trasquilados de este trance.
 
Y en este sentido, a quienes aquí en España critican a Angela Merkel (y al Eurogrupo, y al Banco Central Europeo, y al Fondo Monetario Internacional, y a cualquiera que huela a economista mínimamente ortodoxo…), a aquellos rechazan el denominado “austericidio”, a quellos que apoyan apasionadamente a Alexis Tsipras y a SYRIZA, y que están totalmente a favor de la condonación de la deuda griega que propone Atenas, a todos ellos me gustaría, para empezar, preguntarles un par de cosas:
  • Si sus aspiraciones se hicieran realidad, ¿son conscientes de que por ejemplo España y los españoles dejaríamos de recuperar la deuda pública griega en manos del Estado español, y que la broma nos podría salir por aproximadamente unos 26.000 millones de euros?
  • Si eso ocurriera, ¿en dónde exactamente propondrían ellos que recortáramos esos 26.000 millones de euros a fin de compensar la pérdida que eso supondría para España? ¿En sanidad? ¿En educación? ¿Quizá en pensiones?
 En realidad, lo que los ciudadanos de la Eurozona deberíamos hacer es aparcar de una vez el beatífico buenismo naif que tanto nos gusta practicar de vez en cuando, y empezar a reclamar a nuestras instituciones y nuestras autoridades que hagan su trabajo, que dejen ya de actuar con tanta debilidad en la gestión de la crisis griega, y que no sigan contemporizando con el chantaje permanente y el comportamiento errático del gobierno de Atenas.
 
Por el contrario, los ciudadanos europeos deberíamos ser los primeros en exigir a nuestros gobiernos que impusieran el rigor y la seriedad en la relación con Grecia, y que no se olvidaran de que su obligación como servidores públicos es en primer lugar, y antes que nada, protegernos a nosotros y a nuestros intereses.
 
Sí, el primer objetivo de las instituciones europeas en la gestión de esta crisis debería ser protegernos: salvaguardar nuestros ahorros y nuestras pensiones; tratar de evitar por todos los medios que las locuras helenas en materia económica contaminen y deterioren nuestras cuentas públicas y hagan desbocarse el coste de financiación de nuestra deuda; hacer todo lo posible para conjurar el riesgo de que se dispare la inflación, se hunda el valor del euro, y nuestros ahorros se evaporen; en última instancia, evitar que Alexis Tsipras y SYRIZA nos arruinen a todos.
 
A fin de cuentas, el resto de los europeos no tenemos por qué pagar de nuestro bolsillo las consecuencias de décadas de derroche y fiasco económico de Grecia, ni el populismo de Alexis Tsipras y SYRIZA, ni tampoco la complacencia de amplios sectores de la sociedad griega con políticos que les han robado y les han llevado a la ruina.
 
Por su parte, Grecia y los griegos tendrían que dejar de seguir negando la realidad de su país comportándose como adolescentes, y tendrían que empezar a acostumbrarse de una vez a pagar sus facturas con su propio dinero.
 
Porque, como dijo el poeta griego Homero allá en el siglo VIII antes de Cristo, "La juventud tiene el genio vivo y el juicio débil", y esto aplica tanto para los jóvenes biológicos como para los de espíritu, también en política y en economía...