Imagina una caverna subterránea, y en ella unos hombres prisioneros desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que tuvieran que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante; detrás de ellos la luz de un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y los encadenados una pasarela alta parecida a las mamparas que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las cuales exhiben aquellos sus maravillas.
A lo largo de esa pasarela unos hombres transportan toda clase de objetos y estatuas hechas de piedra, madera y toda clase de materias; y entre estos portadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros que estén callados.
Los prisioneros nunca han visto otra cosa de sí mismos o de sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la parte de la caverna que está frente a ellos. Si pudieran hablar los unos con los otros de lo que ven creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que pasan frente a sus ojos; y si escuchan sonidos pensaran que proceden de las sombras. Así, esos hombres no tendrán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos.
Y si un día uno de los prisioneros fuera liberado de sus cadenas y pudiera volverse a ver los objetos reales cuya sombra antes veía proyectada, y de esta manera descubriera cómo es verdaderamente la realidad, pero luego fuera de nuevo llevado de vuelta a la caverna y tratara de explicar a los demás prisioneros que lo que ven son solo las sombras de la realidad, sus compañeros, sumidos en la ignorancia, no le creerían.
Lo mismo que les pasaba a los prisioneros de la caverna descrita nos ocurre a los hombres en nuestra vida: lo que vemos con nuestros ojos no es más que la sombra de la realidad, y solo cuando nuestro espíritu se eleva gracias al conocimiento y la sabiduría y se libera de los prejuicios y los tópicos somos por fin capaces de percibir la verdadera esencia de los hombres y las cosas y descubrir todo lo recto y lo bello que hay en el mundo.
(Inspirado en El mito de la caverna, descrito en el Libro VII de “La República” de Platón).
Detalles técnicos de la fotografía: cámara SONY DSC-RX100M2, 10 mm, f/11, 1/80 s, ISO100. Imagen tomada el 14/sept/2026.


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