miércoles, 4 de enero de 2017

Obama: El pato cojo se encabrita



   El próximo 20 de enero de 2017 Donald Trump jurará su cargo como cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América, tras su victoria frente a la candidata demócrata Hillary Clinton en las elecciones presidenciales celebradas el pasado 8 de noviembre de 2016.

Ese día finalizará también el mandato de Barack Obama, quien probablemente pasará a la historia como uno de los inquilinos de la Casa Blanca que más ilusiones y expectativas despertó al inicio de su magistratura, pero también como uno de los presidentes con un legado más mediocre y más frustrante que se recuerda tras dos mandatos consecutivos al frente de la todavía nación más poderosa de la tierra.

Y es que si analizamos la América que nos dejará Obama el próximo 20 de enero, necesariamente tendremos que concluir en que no se destaca especialmente por los logros alcanzados, sino más bien por los problemas que se han quedado sin resolver.

Así, la economía de Estados Unidos sigue eternamente dependiente de la metadona monetaria de la Reserva Federal y la financiación procedente del ahorro externo (con China como el principal tenedor de deuda americana del mundo); la guerra contra el yihadismo está empantanada y no tiene visos de evolución positiva en el medio plazo; la sociedad norteamericana es menos próspera y más desigual hoy que hace ocho años; la reforma sanitaria que constituyó una de las principales banderas ideológicas de Obama está atascada y probablemente moribunda; el papel de los Estados Unidos en el mundo es cuestionado de forma indisimulada tanto por una Rusia cada vez más pujante en política exterior como, sobre todo, por aliados (?) indeseables con principios y valores incompatibles con la concepción occidental del mundo (Arabia Saudí, Egipto, Marruecos...), preocupados solo por oprimir a sus sociedades y perpetuar a sus élites corruptas en el poder, y todo ello con la complicidad culpable de Washington; Estados Unidos ha traicionado décadas de lucha a favor de la libertad en Cuba (en realidad en el mundo entero...) y se ha avenido a blanquear a la dictadura castrista a cambio de una mención para Obama en los libros de historia como “el presidente que inició el deshielo con La Habana”; etc., etc., etc.

Y en este contexto de final de ciclo político, cuando al presidente saliente los usos de la democracia americana le atribuyen un papel discreto y prudente, respetuoso con la nueva administración que está por venir, Obama, en vez de comportarse como el “pato cojo” que le corresponde ser al final de su mandato, está dando en las últimas semanas inquietantes señales de falta de lealtad institucional mediante la puesta en marcha de iniciativas políticas que no parecen tener otra finalidad que intentar condicionar a la nueva administración Trump con una política de hechos consumados, y fabricar un legado de supuesta coherencia política de cara a sus fieles, quien sabe si tratando de preparar el terreno para una futura candidatura a la presidencia de Estados Unidos de su mujer Michelle Obama, en el contexto de una política norteamericana cada vez más patricia y más dinástica, pero también cada vez menos democrática...

De este modo, estamos asistiendo a la adopción de impactantes decisiones de calado, verdaderas cargas de profundidad políticas, en los días finales de la administración Obama: la retirada sin precedentes del apoyo a Israel en el Consejo de Seguridad de la ONU en relación a la cuestión de los asentamientos en Jerusalén Este y en Judea y Samaria; el enfrentamiento político con Moscú y la subsiguiente expulsión de 35 diplomáticos rusos justo después del triunfo de Putin y su aliado el presidente Bashar al-Assad en la reconquista de Alepo, que deja al descubierto el fracaso de la estrategia norteamericana en Siria; o los intentos torticeros de maniobrar en las cámaras para maniatar al futuro presidente Trump y blindar las decisiones más ideológicas de la era Obama...

Lo que pasa es que los principios, las formas, y los usos y costumbres son esenciales en una democracia de calidad si no queremos que esta acabe devaluada y convertida en un circo, y por eso mismo nunca deberían retorcerse ni manosearse, y mucho menos si lo que se persiguen son fines hedonistas y bastardos.

En consecuencia, más le valdría al pato cojo en que ya se ha convertido Barack Obama dejar de encabritarse, asumir su papel en el final del cuento, y hacer un traspaso de poderes como Dios manda a la futura administración Trump.






1 comentario:

  1. Después de leer este post siento una gran tristeza por el fallecimiento de Jesús Gil y Gil . . . ¡podría ser una excelente solución para la complicada situación política en la que se encuentra España!

    (Entiéndase como una ironía utilizada con fines expresivos)

    Un fuerte abrazo y Feliz Año.

    Manuel

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