miércoles, 9 de agosto de 2017

La Turismofobia del secesionismo antisistema



Turismofobia: la nueva locura del secesionismo antisistema para hacer de Cataluña la Corea del Norte del Mediterráneo...

De un tiempo a esta parte los secesionismos periféricos de Cataluña y el País Vasco han descubierto en la turismofobia una nueva arma para su huida ideológica a ninguna parte, con el objetivo último de hacer de sus respectivas regiones unas naciones de pesadilla en las que el populismo antisistema y la mezquindad social se conviertan en el eje vertebrador de la vida pública.

Más allá de lo absurdo del planteamiento en un país como España, y en unas regiones como Cataluña y el País Vasco, donde el turismo es un motor esencial para la generación de riqueza y la creación de puestos de trabajo, esta ola de turismofobia es una muestra clara del odio atávico que los secesionismos que nos ha tocado sufrir profesan por todo lo que no encaja en su visión excluyente y quasitribal de la sociedad. Porque los turistas a los que odian, independientemente de que resulten ruidosos o juerguistas, son sobre todo la prueba de que más allá del ghetto cultural y lingüístico en el que han convertido a sus sociedades tras casi 40 años de nacionalismo radical todavía hay un mundo libre en el que la gente habla la lengua que le da la gana, siente la identidad que le da la gana, y se preocupa por disfrutar de la vida y no por amargársela al que piensa diferente. Y claro, después de haber desarrollado impunemente con éxito una limpieza étnicocultural de todo español en Cataluña y el País Vasco, ahora quieren coger carrerilla y seguir con lo inglés, lo francés o lo alemán. Porque están dispuestos a recibir a los turistas, pero solo si son de la Catalunya Nord y parlan catalá o abertzales y vienen del Goierri, y si además están seguros de que ni beben sangría ni preguntan por el flamenco y los toros, porque si no que se vayan a su puñetera casa...

Y lo más lamentable es que ni siquiera están siendo originales y creativos los muy descerebrados, porque la turismofobia ya la inventaron los nacionalistas corsos en los años 70 del siglo XX, cuando se dedicaban a poner bombas en hoteles y urbanizaciones, y no les llevó a nada útil.

No, si a este paso los de la CUP y sus primos batasunos van a terminar mandando a los cachorros del secesionismo catalán y vasco a hacer viajes de estudios a la América de Trump para aprender cómo levantar muros y poner alambradas en las fronteras...




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